Ámate para poder amar

Fuente imagen: www.sxc.hu El verano es un buen momento para relajarnos y reflexionar sobre todas aquellas cosas que podemos mejorar.

A todos nos gusta crecer, aprender, evolucionar, sentirnos cada vez mejor y más realizados. Pero en esta vida tan ajetreada, no tenemos tiempo ni para pensar y cuando lo hacemos, tenemos a veces tanto miedo de enfrentaros con las cosas que no nos gustan que preferimos mirar para otro lado y seguir tal y como estamos.

No caemos en la cuenta que el mayor MIEDO a lo que tenemos que realmente TEMER es a no tener valor para pensar, recapacitar, “reorganizarnos” para superar pensamientos, sentimientos, hábitos. En definitiva, obstáculos adquiridos que se cronifican con el tiempo y nos paralizan dejándonos estancados.

El verano, por una parte, nos puede ayudar a que nuestro aspecto físico sea más saludable. Esta estación nos invita e incita a comer de una forma más saludable aumentando en nuestra dieta la cantidad de fruta, verdura y líquido que ingerimos.

Además, el alargamiento de los días, el sol, el mar, propician un clima más apetecible para hacer algún deporte al aire libre o acuático: caminar, correr, nadar… Al mismo tiempo, bronceamos, limpiamos y tonificamos nuestra piel dándole un aspecto más saludable y bonito.

Al llevar una vida sana tanto por dentro como por fuera, nuestro cuerpo produce endorfinas (pequeñas proteínas que se producen en nuestro cerebro cuando al hacer deporte una glándula, la hipófisis, es estimulada). Éstas van a actuar sobre los receptores que causan analgesia, además de producir un efecto sedante similar a los que genera la morfina, un opioide exógeno bastante conocido por estas mismas propiedades. Es por eso que las endorfinas son consideradas nuestros opioides endógenos, es decir producidos por nuestro organismo.

Los estudios demuestran que las endorfinas son capaces de inhibir las fibras nerviosas que transmiten el dolor, además de actuar a nivel cerebral produciendo experiencias subjetivas, que son sensaciones intensas, bien conocidas por los deportistas como son la disminución de la ansiedad y la sensación de bienestar. Además de la analgesia y sedación antes mencionada.

Como vemos, cuando decidimos hacer una vida sana y saludable, parece que todo el universo se pone de nuestro lado, como se suele decir, hasta nuestro propio organismo. Siempre, el movimiento de una pieza da lugar al movimiento de otra. Por eso, cuando las cosas las hacemos bien, todo o casi todo sale bien. Por la misma regla de tres, cuando hay algo que no hacemos correctamente, tenemos la sensación de que todo lo malo viene junto y como vemos no es sólo una sensación, que por cierto, magnificamos, sino que también es una cuestión de relación.

Por otra parte, el verano, puede facilitar con la llegada de las posibles vacaciones que tengamos más tiempo para acercarnos un poquito más, no sólo a nuestros seres queridos (familia, amigos, pareja, etc…) sino también a nosotros mismos.

Tan importante es cuidarnos a nivel físico-corporal como psíquico-emocional. Los reencuentros con los amigos y seres queridos hacen que conversemos y que a veces sin darnos cuenta hablemos de algunos temas que posteriormente hacen eco en nuestra cabeza para recordarnos aquello de lo que muchas veces pretendemos huir. Aquello que no deseamos ver y camuflamos con evasiones sin victoria para no enfrentarnos a ello. Aquello digno de cambiar, modificar, reconstruir, “activar”. Pueden ser cosas que no nos gustan de nosotros mismos, pueden ser asuntos pendientes… Puede ser que nos acomodamos a las cosas, e incluso a aquellas que no nos gustan o no nos llenan, pero es que a veces, es más fácil acostumbrarnos a vivir con ellas, que ponernos en marcha para cambiarlas.

Les invito que si no oyen ese eco en sus cabezas, aún después de largas tertulias con sus seres queridos, se permitan escucharlo después de una cita con su soledad. Sentarnos a la orilla del mar a reflexionar es una buena terapia para encontrarnos con nosotros mismos y refrescar, tanto todas aquellas cosas que nos agradan, para seguir potenciándolas y cuidándolas como encontrarnos con aquellas que nos desagradan. Porque sólo cuando llegamos a aceptar que las tenemos, podemos transformarlas, cambiarlas o simplemente apartarlas de nuestra vida.

Por tanto, dejemos de perder el tiempo mirando hacia otro lado que no sea el del cambio, la evolución, el crecimiento personal. Cuando nos negamos a cambiar, quedamos presos de los recuerdos, acontecimientos y situaciones del pasado, que nos hicieron ser como somos. Y… si la vida es una melodía en constante cambio y movimiento. ¿No deberíamos danzar a su compás para sentirnos vivos?.

Lo difícil de cada momento es acertar con el “compás” adecuado para cada “danza”. PlacerSaber elegir y canalizar la multitud de pensamientos sentimientos y conductas que nos invaden en cada situación no es tarea fácil y la cosa se complica aún más cuando en esa situación estamos interactuando con pensamientos, sentimientos y conductas, ajenos a nuestro control. Ya que en nuestra particular “danza”, hacen falta personas con las que interactuar y podernos mover, relacionar, por las que sentir, con las que aprender, con las que vivir. Si no acertamos con el compás donde todo esté acorde y en armonía, entramos en un estado de malestar donde nos invaden emociones como la tristeza, el enfado o el miedo. Pero por otro lado, si no nos damos el permiso de equivocarnos para aprender de los errores, de caernos y levantarnos, nunca podremos danzar en armonía. Todavía no conozco a ningún bailarín que pueda ejecutar su baile correctamente sin haber ensayado días y días enteros.

En definitiva, los cambios nos asustan, nos desestabilizan, pero sólo cuando llegamos a comprender que esa sensación de desajuste y desorden en nuestra vida, es precisamente la que nos incita al cambio guiándonos en nuestro crecimiento personal, es cuando somos capaces de coger fuerza, seguridad y valentía para escuchar a nuestro malestar sin mirar para otro lado y obtener las claves de lo que nos sucede, actuando en la dirección correcta, saludando al presente, bien-aventurando al futuro y ahora ya sí… valorándonos, AMÁNDONOS, encontrándonos con la vida pudiéndola AMAR.

 
Cristina Valiente Catalán
(Terapeuta Sexual-AFOSEX)

 
Asesoría de Afectividad y Sexualidad “Infosex Joven”

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Concejalía de JuventudAyuntamiento de Alicante
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