El peligro de la honorabilidad masculina

www.sxc.huEs cierto que todo llevado al extremo es peligroso. Hasta las palabras esconden un “arma de doble filo” aunque aparentemente suenen dulces y agradables.

Si buscamos en la RAE el significado de la palabra HONORABILIDAD, encontramos: “condición de lo que es digno de honor y respeto”. Suena bonito y educado, pero estos conceptos cuyos sinónimos implican valores tales como: Honor, respeto, dignidad, respetabilidad, prestigio, distinción, importancia, elevación, popularidad, reputación, autoridad, credibilidad, etc… Pueden darse la vuelta si no hemos tenido la suerte de dar con buenos “maestros” en nuestra educación, para enseñarnos a interiorizar éstos términos, (que pasarán a ser actos), de una forma sana y saludable.

La masculinidad sigue siendo aprendida por algunos varones como una actitud violenta. Éstos prefieren la HONORABILIDAD, aprendida bajo el “Principio de Autoridad Masculina”, al RESPETO DEL DERECHO.

Los estudios de campo indican que a partir de los 7-8 años, los niños y las niñas se separan, quedando unidos en base al sexo. Es la edad en la que los chicos y chicas empiezan a querer mostrar socialmente sus diferencias tanto en la forma de pensar, sentir, y expresar. Esto es debido a diversos factores: bio-psicológicos, sociales, culturales, etc… Y es en el aspecto social donde hay que tomar especial cuidado con la educación que enseñamos a nuestros chicos, puesto que los roles sexistas siempre han hecho mucho daño a la mujer. Si no sabemos educar en la igualdad y en el respeto, podemos caer en el error de educar bajo este “Principio de Autoridad Masculina”, que nos ha venido acompañando a lo largo de nuestra historia.

Los varones, ya sólo por su condición de varón, tanto innata como aprendida (ya que todavía muchas personas siguen educando bajo una educación sexista), tienen y adoptan pensamientos, sentimientos y conductas que discrepan mucho con los intereses y formas de interactuar de las chicas. Las diferencias se plasman en la realidad del comportamiento de nuestros niños/as.

Son ellos, en general, los que deciden separarse de las niñas, generando además unwww.sxc.hu nuevo uso del espacio, un aumento de la agresividad (en el caso de los varones que no han tenido la suerte de ser educados bajo el respeto y la igualdad). En estos casos, no se les enseña a canalizar la agresión, sino que se les “adiestra” a utilizarla como “herramienta” en defensa de su “honorabilidad masculina”, quedando esto reflejado no sólo en un comportamiento agresivo sino también en su vocabulario y en la forma de enfrentarse a las situaciones conflictivas, que no es en solitario sino en grupo.

En términos antropológicos podemos decir que la condición viril, en general, se sigue aprendiendo y se aprende como frátria (agrupación social propia de la antigua Grecia con una presencia impositiva masculina constante), donde los más preadolescentes aprenden la importancia del propio grupo. “Nosotros somos nosotros y no somos ellas”, bajando a la condición femenina al que no pertenece al grupo con comentarios como: “eres una nenaza”. Interiorizando así, valores masculinos al mismo tiempo que desacreditando, desprestigiando y descalificando a toda persona que no pertenezca al grupo, generalmente por razón de sexo (sexo femenino) o cualquier otra persona del sexo masculino que por discrepar (causas varias) de los valores y actitudes del “grupo”, no se haga partícipe de él. De aquí, la importancia de guiar a nuestros niños, y si es preciso a nuestros mayores, hacia un mundo más solidario, respetuoso e igualitario.

Respecto al uso del espacio lo podemos ver en los recreos. La mayor parte de los niños, se agrupan ocupando todo el espacio del patio jugando a juegos donde predomina la territorialidad del espacio, la agresividad, la competitividad… (fútbol, jugar a pillar, a peleas, etc…) y también algunos de ellos, pretenden ocupar el espacio temporal. Esto se ve por ejemplo en el aula, dónde son éstos los que preguntan, censurando así el tiempo que tienen ellas para hablar. En este caso es mucho menos notable puesto que no es todo el grupo de varones los que adoptan esta actitud, sino sólo los que están recibiendo una educación sexista. Si a esto le añadimos que las chichas por lo general tienen una buena actitud y aptitud ante el estudio, los resultados nos muestran una participación prácticamente equitativa.

www.sxc.huPor tanto, las mujeres siempre han vivido rodeadas de mujeres con baja intensidad, que aprenden a vivir bajo amenaza de baja intensidad y a saber “torearla”, con lo que se normaliza la actitud de chicos y chicas, sin ser motivo de alarma social, cuando en la sombra de todo ello, se está generando una actitud violenta y agresiva de baja intensidad, pero existente. Es por ello, que hay que tener mucho cuidado con la educación de nuestros chicos y chicas. Porque después de una baja intensidad de violencia que como todos vemos, es algo que tenemos normalizado, puede seguirle una intensidad media y en el peor de los casos, una alta intensidad y aquí ya no estamos hablando de una condición de ser de hombres y mujeres en tanto a factores bio-psicológicos y roles sexistas interiorizados socialmente (cosa que no exime de una revisión), sino que podríamos hablar de algo mucho más grave que despoja a la mujer de dignidad y la inhabilita en sus derechos.

Por todo ello, la importancia de una educación bajo un “Principio de IGUALDAD Y RESPETO”, facilitando la interrelación de los dos sexos de forma sana y saludable, tanto teniendo en cuenta la condición innata de ser de cada uno de ellos, como aquellos aspectos educacionales dignos de ser modificados.

Como dice el conocido psicólogo clínico y pedagogo terapeuta Don. Javier Urra, concluyo con tres frases suyas:

“Hay que feminizar la sociedad: hacerla más sensible, cálida y humana”,
“Hay que embridar el ego: aprender a autodominarse, aprender la igualdad”
Y en algunos casos…
“Estamos haciendo chicos duros y frágiles como el cristal”.

 

Cristina Valiente Catalán
(Terapeuta Sexual-AFOSEX)
Asesoría de Afectividad y Sexualidad “Infosex Joven”

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